martes, 25 de marzo de 2008

Teoría de lo inteorizable (o Cursilería)

Todos, absolutamente, tenemos un lado cursi. Sí, todos. Incluso las personas más deleznables, incluso las que a duras penas consideramos personas (tal es su grado de crueldad). Aun Gollum, fíjense, tenía un objeto al que llamar "precioso" o "tesorito". ¡Gollum! Una piltrafa traicionera que comía pescados crudos.
¿Por qué grita Rocky, en el clímax de su carrera pugilística, el nombre de su amada a todo pulmón? ¿Qué se esconde detrás de esa boca torcida, de ese ojo cosido a golpes, de esa respiración agitada que apesta a acento ítalo-neoyorquino? Amor, señores. A-mor. Un boxeador, prototipo del macho-alfa por sus músculos, su perseverancia, su resistencia..., subordinado a un sentimiento. Díganme que no es bonito.
Sí, poco a poco estas líneas se van desplazando hacia lo cursi, como todo en la vida[*]. Pero en defensa de lo cursi, llega una frase que es, a su vez, la cursilería más grande de la vida: "Hay cosas que no se pueden explicar con palabras". Si no la ha escuchado, le presento a mi amigo, el cotonete. Remueva la cera auricular y pare la oreja. Tan simple como eso. En dos de cada tres situaciones de la vida cotidiana, mundanal, alguien va a decir (o va a pensar, lo sé) "Hay cosas que no se pueden explicar con palabras".
El alcance de esta frase llega para excusar a la cursilería, pues connota la premisa de que lo que se dice y suena cursi no debería haber sido dicho. Las expresiones de ese tipo, que nos hacen gritar "¡cliché!" o "¡qué marica!", siempre suenan mal porque están destinadas a esbozar sólo levemente los engranajes de sentimientos más profundos y, supuestamente, inexplicables.
Si no queremos ser cursis y expresar (mal) en palabras el campo de la sensibilidad, ¿cómo hacemos? Aquí vienen al caso, entonces, las cajas de bombones, los ramos de rosas, las invitaciones al cine; signos complejos que hablan por sí solos: están diciendo "te quiero", "te amo", "eres lo mejor que me ha pasado" o el consabido "te diera (y no consejos)[**]".
Teorías de lo inteorizable las del amor, el odio, el deseo, el desprecio...; pulsiones de lo más hondo que quizá deberían permanecer allí pero que, en desmedro de una reputación, serán moneda corriente en este blog. Blog que, como la vida, tenderá siempre a lo cursi.
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[*]Gran mentira: conozco a viejos decrépitos (es decir, a punto de realizar el último desplazamiento) que se cagan y siempre se han cagado en el amor, al punto de gargajear (con ese poder flemático que sólo tienen los ancianos) cada vez que les mencionan la palabra. De todas maneras, hagamos como que fuera verdad: todo en la vida se desplaza hacia lo cursi.
[**]Sobre este tema, revisar: Fernando Landázuri, El mundo no es de los sutiles, Quito, Libresa, 2007, p. 675.

4 comentarios:

Edd Stargazer dijo...

Me declaro hincha a muerte de la cursilería y me vale huevo q' me digan maricón... tal vez trato de darle un toque de finura pero nunca se puede ser muy fino en la cursilería. Muy bacán post

Chopán dijo...

Teoría poco aplicable cuando el sujeto es estupidamente visceral. Prefiero todo de tripas para afuera, pero me río mucho cuando me sale algo cursi. Prestarás el libro de Landázuri para ver si le saco una copia :P

Unknown dijo...

Gran teórico ese tal Fernando. Pero para que vean y, aunque suene imposible, hasta un ser tan bajo como aquél se adhiere a la cursilería.

Chopan, el libro te lo presto cuando quieras!

Vagandomundos dijo...

mmm, soy cursi, pero no es un secreto no. qué bueno que volvisteeeeeeeeeeeeeee al mundo del blog no.